**Don Bardalino y la Barda del Destino**

**Don Bardalino y la Barda del Destino** Don Bardalino, el ratón más escurridizo del barrio, ha tenido suerte esta vez: logró escapar. Pero su libertad es relativa, pues hay ojos que lo vigilan con devoción profesional. Blackie, el guardia de seguridad autoproclamado, permanece sentado en el patio, justo bajo el manzano, con la mirada fija en lo alto. Espera. Sabe que Don Bardalino no puede resistirse al aroma de una merienda mal escondida. Y no se equivoca. Por encima de la barda, apenas visibles entre las hojas, asoman los bigotes del famoso ratón. Como un detective en busca de pistas, Bardalino escudriña el aire. Sus ojos brillan con escrutinio, su nariz tiembla: ha detectado rastros de comida. Soni-boy, como siempre, ha dejado migajas de su festín. Don Bardalino calcula su descenso. Pero abajo lo esperan Txiki y Nan, apostados como centinelas silenciosos. Si lo atrapan, no habrá más crónicas. No más aventuras. Solo el silencio de una historia interrumpida. Blackie ladra, no con furia, sino con urgencia. “¡Baja ya!”, parece decir. Pero Bardalino duda. La barda es su refugio, su torre de vigilancia. Desde allí observa, desde allí escribe.

Comentarios